Viernes 2 de abril de 2021 – Viernes Santo – Un amor sacrificado

  1. Is. 53,13-53,12: El fue traspasado por nuestras rebeliones.
  2. Hbr. 4,14-16; 5,7-9. Aprendió a obedecer; y se convirtió en autor de salvación.
  3. Jn.18,1-19.42. ¿A quién buscáis?  A Jesús, el Nazareno.

Hoja litúrgica

Un amor sacrificado

Reflexión:

  • La liturgia de este Viernes Santo nos congrega bajo el signo de la cruz. Y nos conduce admirablemente al hondón mismo del misterio cristiano. El Señor nos confronta con su cruz. Pero la cruz verdadera no es el madero, sino una entrega voluntaria de amor. Es algo que no perciben los ojos, sino solo el corazón. No es un saber sobre Dios, sino un saber a Dios o la sabiduría de Dios. Comprenderlo así representa ya una gran gracia en la vida. 
  • La cruz solo puede entenderla quien ha entrado en una dimensión entusiasmada del evangelio y es rico en Dios. No es una espiritualidad negativa, sino radicalmente positiva. Es optar por el otro, pase lo que pase, siempre y del todo. Es no situarse nunca contra, frente, por encima del otro, sino con él y a favor de él. La cruz no son las cruces, sino amar en las situaciones difíciles. Es ser capaces de amar hasta el sufrimiento. La cruz no es algo inhumano, sino sobrehumano. Amar así es señal de que uno ha entrado en su vida en una modalidad divina, en un orden claramente superior. Solo un Dios extremadamente bondadoso pudo hacer de la cruz no fracaso y locura, sino sabiduría y fortaleza. Nunca la humanidad pudo sospechar que el máximo signo de terror y de muerte podría llegar a ser signo universal y dichoso de solidaridad, de gloria y de alegría. 
  • La celebración de este viernes está totalmente centrada en el significado de la cruz. Consta de cuatro momentos: la cruz proclamada o las lecturas; la cruz adorada; la cruz orada o las grandes plegarias universales ante la cruz y, finalmente, la cruz comulgada o comunión con la eucaristía. 
  • La Pasión según el evangelio de Juan, el evangelista de la intimidad con Jesús. Contempla el drama desde el corazón del Padre y desde los sentimientos más hondos de Jesús. Debemos escuchar con fe y con el corazón abierto dejándonos evangelizar la afectividad. En la cruz concurrieron dos historias contrarias y contradictorias: una, la horrenda ejecución del Hombre-Dios; la otra, su triunfo y exaltación. Jesús vence victimándose. Es vencedor asumiendo la función de víctima. La muerte de Jesús es “su hora” deseada. Es el gran drama de la lucha entre la muerte y la vida, las tinieblas y la luz, el amor y el desamor. Es Jesús asumiendo en su carne todas nuestras negatividades y aniquilándolas en sí mismo. Lo que pasa en la cruz es lo más intimo que hay en Dios. Dios no quiere amarse a sí mismo jamás sin el hombre. ¡Locura de Dios! El abrazo de Dios a los verdugos de su Hijo. 

Esta tarde, Señor, de muerte y de fracaso,

es tiempo para el silencio y el asombro.

No sólo por Jesús, el hijo amado, asesinado y roto,

sino por lo que eso significa para todos nosotros.

Se trata de amar hasta la muerte,

en solidaridad con todos los que sufren.

Si ese es el sentido verdadero de la vida,

muchos que te seguían no se atrevieron a hacerlo

y te dieron la espalda llenos de tristeza.

Sólo Pedro se atrevió a decir: “si no es así,

¿adónde iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna”.

Y en silencio, Señor, esta tarde te pedimos ayuda

para atrevernos a llegar contigo hasta el extremo

del amor y la solidaridad a la que Tú nos invitas.